REFORMA DE PISO EN CALLE PROVENÇA Emplazamiento: Fotógrafo: El proyecto consiste en la reforma de un piso originalmente ocupado por una familia que debe ser adecuado a las necesidades tanto funcionales como estéticas de un joven profesional independiente, de alrededor de 40 años, que va a vivir solo. El objetivo central de la intervención consiste en hacer llegar luz natural a todos los espacios, integrar las terrazas y el patio central a los recorridos habituales y abrir e incorporar a las circulaciones los espacios de trabajo tradicionalmente relegados a un segundo plano como cocinas, lavaderos etc... Se trata de transformar las estancias existentes: grises, oscuras y compartimentadas, en un espacio luminoso, cálido y coloreado al tiempo que ordenado. Se plantea la construcción del nuevo espacio doméstico a partir de la colocación de una serie de contenedores en un lugar previo indiferente y vacío. Tres grandes “armarios” se colocan estratégicamente compartimentando la pieza principal. El uso que damos a cada armario o contenedor está determinado por las cosas que se almacenan en ellos –ropa, menaje de cocina, electrodomésticos, toallas, platos, vasos, productos de limpieza, abrigos, paraguas- es decir, su contenido es el que determina el uso que se da a las distintas estancias, dependientes de estos armarios. Los muebles, propiamente dichos – sofás, mesas, camas, inodoros, lavabos- son los que hacen visible el uso que se ha asignado a cada habitación, inicialmente indiferente. Los dormitorios son el espacio más estático de la casa. Una especie de cajas con posibilidad de cerrarse herméticamente para proteger nuestro tiempo de sueño. Son contenedores para nuestros periodos de reconstrucción e inactividad. El tratamiento de las superficies de las paredes redunda en esta condición de intimidad. Así, las superficies interiores de las habitaciones se forran de papel o de madera como el interior de un baúl invitando a un descanso sereno y continuado. El patio de luces de la escalera se incorpora visualmente al interior permitiendo y favoreciendo la relación entre ellos mediante las circulaciones que se disponen a su alrededor y ampliando enormemente la profundidad de percepción espacial. Estos patios son una clara muestra de la voluntad representativa de esta arquitectura burguesa, que pone todo su esfuerzo en la construcción de las fachadas públicas y descuida hasta el abandono los espacios de uso interno, inicialmente invisibles, pero necesarios para el funcionamiento de la casa. La cocina se entiende como un contenedor susceptible de ser incorporado visualmente al comedor. El área propiamente de trabajo es interior. La luz natural se incorpora a través de un lucernario circular situado en el techo. El juego de color de las puertas incide en la voluntad de hacer de este espacio un lugar cambiante que se perciba de forma distinta en función de los distintos momentos de uso. El salón, permanentemente visible, adquiere en cierta forma, por esta circunstancia, un papel principal y representativo. Se nos muestra blanco, neutro y “exterior”, incorporando en la máxima medida posible las terrazas y las vistas privilegiadas del contexto arquitectónico circundante, con La Pedrera como referente iconográfico de excepción.
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